La Vinotinto venezolana: ese fenómeno que terminó uniendo a todo un país
Dejó de ser la Cenicienta. Ahora ganarle a Venezuela es difícil. La mayoría de sus jugadores son titulares en equipos de ligas europeas. El “boom de la vinotinto” que cambió para siempre al futbolista venezolano sirvió para que la afición crea en su selección. En un estadio venezolano y nadie grita un gol de Brasil o de Argentina
por Ezequiel Boiero / el astro deportivo Fotografía: Vicente Osorio

Primero fueron los Guerreros de Páez, después los caudillos de Farías. En realidad, simplemente fueron los que cambiaron para siempre la historia del fútbol de Venezuela, los que, a fuerza de compromiso, buen juego y mucha garra hicieron que la “Vinotinto” se respete.
Tradicionalmente el fútbol venezolano fue la cenicienta de Sudamérica. Jugar contra Venezuela eran tres puntos seguros sin importar si se jugaba de local o se visitaba el país caribeño. Lo único cierto es que al final del torneo cada selección sabía que tenía 6 puntos seguros de los 28 que necesitaba para ir a un mundial.
A pesar que había buenos jugadores, no podían plasmar en resultados internacionales esa calidad y siempre terminaban goleados.
Así empezó la Vinotinto
Para poder entender la era de Páez y de Farias primero es importante saber que había pasado y quienes fueron los precursores de la Vinotinto.

A diferencia de las otras naciones que integran la Conmebol, los inicios del fútbol en Venezuela fueron tardíos. Los primeros partidos en tierras bolivarianas se dan en la década del 20, 50 años más tarde de la aparición del juego en Buenos Aires, por ejemplo, y si bien tuvo un combinado en la década del 30, la afiliación a FIFA se da recién en 1952 cuando ya se habían jugado cuatro mundiales. Su primera Eliminatoria fue rumbo a Inglaterra en 1966 y la primera Copa América en 1967, donde logró un llamativo quinto puesto.
Sin embargo, el desorden, la falta de profesionalismo y de experiencia hicieron del fútbol venezolano el más débil de la región. Recién en la etapa clasificatoria rumbo a España 82, la Vinotinto que en aquel momento vestía de amarillo obtuvo su primer triunfo: fue ante Bolivia en Caracas por 1-0.
Ese primer triunfo se celebró como si se hubiese conseguido el pase a un mundial, pero sólo fue eso un simple triunfo y tuvieron que pasar casi doce años para que en 1993 la selección vuelva a sumar un punto, esta vez luego de empatar ante Ecuador en Puerto Ordaz por 1-1. En ese momento, a Venezuela la dirigía el yugoslavo Ratomir Dujkovic el técnico que llegó para cambiar la realidad del futbol venezolano y no pudo.
A lo largo de la joven historia de futbol venezolano es cierto que existieron pasajes que sorprendieron a propios y extraños sobre todo en Copa America. La de Ecuador 1993 es un ejemplo, cuando tuvo en José Luis Dolguetta al goleador del certamen con cuatro anotaciones. Sin embargo, nunca pudo convertirse en una selección con aspiraciones y los resultados siempre fueron malos.
Muestra de ello fue la etapa clasificatoria rumbo a Francia 98 que fue nefasta. En 16 juegos, Venezuela apenas sumó tres puntos tras tres igualdades. No ganó. De hecho, lo más destacado fue el gol del arquero Rafael Dudamel de tiro libre ante Argentina en San Cristóbal.
Este proceso nuevamente malo, significó la llegada José Omar Pastoriza como nuevo entrenador. El argentino llegó para hacerse cargo de la Vinotinto con la misión de sentar las bases de un futbol diferente y si bien no hubo grandes resultados para muchos fue el entrenador que construyó los cimientos del profesionalismo en las que se construyeron los procesos de Richard Páez y Cesar Farías.
Jorge “Zurdo” Rojas da su visión sobre lo que significó Pastoriza para el futbol venezolano, “El Pato puso la primera piedra en ese año 99-2000 de nuestra selección. Él llegó con un buen verbo, muy sano y muy fresco. Ese fue el inicio, porque hizo que comenzáramos a creer en lo que podíamos lograr como selección nacional. De competir contra los mejores y quitarnos ese temor o miedos que había, de esa pesadilla que tenía nuestra Vinotinto. Él nos hizo entender que teníamos que tener mayor disciplina, que teníamos que dar mayor entrega por la selección. Ese era el verbo de Pastoriza. Además por su trayectoria y lo que significaba logró que miraran un poco más a Venezuela, que selecciones de otros países jugaran amistosos contra nosotros. Ese cambio de competir contra los mejores más seguido fue el inicio. Muchos jugadores pudimos debutar con él, como un (Juan) Arango, (Alexander) “Pequeño” Rondón, (Miguel) “Miki” Mea Vitali y yo. Debutamos en un mismo partido fue porque él confió en los jóvenes. No pudo terminar como hubiese querido”.
Chau Pastoriza… Hola Páez

La segunda parte de las eliminatorias para el Mundial de Japón – Korea 2002 significaron el despegue. Pastoriza dejó la selección en el 2000 luego de una derrota ante Ecuador y llegó Richard Páez que por aquel entonces dirigía la Sub 20 venezolana.
El gran antecedente del técnico fue la gran campaña con Estudiantes de Mérida en la Copa Libertadores de 1999, cuando el equipo venezolano llegó a Cuartos de Final. Había mucha esperanza porque el nuevo técnico conocía los jugadores y además había buen material.
Con el seleccionador venezolano, el equipo dio un salto impresionante, porque sacando lógicas derrotas de visitante ante Argentina, Bolivia y Brasil, el equipo sumó un empate ante Colombia y luego hilvanó cuatro triunfos al hilo ante Uruguay, Chile, Perú y Paraguay. Páez y sus guerreros, en apenas ocho fechas lograron más victorias oficiales que en 34 años anteriores.
En aquellos años Páez explicaba las razones del éxito, “Venezuela creció de una manera competitiva por varias razones, pero la más importante es que los jugadores creyeron en su potencial. El cambio de mentalidad que se logró en base a resultados, le dio al equipo juego e identidad. Nosotros siempre observábamos a los rivales con una visión de inferioridad desde la forma de jugar, pero logramos que el equipo comience a creer en el talento de sus jugadores, lo que nos permitió no solamente ganar partidos, sino ganarlos con autoridad. El mejor ejemplo fue la victoria 3-0 ante Uruguay en Montevideo por las eliminatorias de 2004 el cual no dio un salto de credibilidad externa e interna. El futbolista venezolano ahora se cree protagonista”.
El “Zurdo” Rojas brinda su opinión sobre el secreto del éxito, “Richard, que vino con un verbo muy parecido al de Pastoriza y fue quien tuvo la gran oportunidad de incorporar jugadores con más experiencia. Nos entrenó más seguido y fue una de las claves, creo que esos módulos que hacíamos muy seguidos mensualmente, ayudaron primero a mejorar el funcionamiento y segundo a que nosotros creyéramos más en el proyecto. Así fue como creció la selección para esos logros”.
Sin embargo, cuando parecía que se podía soñar con el Mundial del 2006 los resultados volvieron a ser esquivos y no se logró lo esperado. En esa oportunidad Venezuela logró triunfos importantes ante Uruguay, Perú, Bolivia, Colombia y se respiraba aires de Mundial, pero sobre el final pesó la inexperiencia y los resultados fueron esquivos. Juan Arango, el gran jugador venezolano de esos años lo analiza de la siguiente manera, «Pudimos haber ido al mundial del 2006. Quizá la inexperiencia de buscar desde el minuto uno terminó pasando factura. Las selecciones nos esperaban y nos liquidaban al contragolpe”.

Páez al renunciar dejó una frase que simboliza su agradecimiento y lo que ama al fútbol venezolano, “yo fui un iluso que hizo realidad su sueño…” Fue sin duda el estandarte del cambio, el que logró que el jugador venezolano entienda que no es inferior a nadie y el gran artífice de que hoy la fanaticada venezolana siempre tengas ganas de ver a la Vinotinto y esperanza de que gane.
La era Farías: sabía a lo que jugaba

Después de lo que significó la desilusión de haber perdido la chance de ir al Mundial y el paso al costado de Richard Páez asomaron tiempos de cambio. En su lugar llegó Cesar Farías, un técnico resultadista, que por ahí sus equipos no mostraban un juego vistoso pero que era efectivo.
En otras palabras, Farías sabía cual era su potencial, pero también tenía muy en claro cual era la debilidad, con lo cual siempre se armó de forma compacta y los resultados no tardaron en llegar.
El capitán Juan Arango lo explica con estas palabras, “yo creo que la gente fue injusta con César Farías. Es un DT al que le encantaba jugar. Trajo la filosofía de Richard Páez, pero más compacta. Con él estábamos mejor parados y nos hacían menos goles.”
La “Vinotinto” de Farias era un equipo al que le costaba conseguir fluidez ofensiva en posesión del balón. El técnico era consciente de que en el país faltaban jugadores que puedan funcionar en un modelo de juego basado en la tenencia del balón por lo que la pelota en los pies era un riesgo; entonces si se quería hacerle daño al rival se tenía que maniobrar lo menos posible. Por eso quizá los goles llegaban en jugadas de ataque breves o pelota parada. Y había otra característica, si ese equipo pasaba al frente en el marcador era difícil remontarle, porque defensivamente era un equipo muy virtuoso.
Copa América Argentina 2011: la “Vinotinto” hizo historia
Venezuela se preparó para la Copa América de la mejor manera, jugando más de 15 amistosos y realizando trabajos físicos en Dallas. La Vinotinto llegó en un gran momento de forma al certamen que se celebró en Argentina, donde debutó con un empate sin goles ante Brasil, demostrando que los resultados previos ante los brasileños no fueron ninguna casualidad. Después vino un triunfaso ante Ecuador con gol del Maestrico González y para cerrar el Grupo tocaba Paraguay.
Fue uno de los partidos más emocionantes en aquella Copa América. La Albirroja lo ganaba por 3-1, pero Miku Fedor descontó a pocos minutos de terminar el partido y dejó todo servido para un final de película. Cuando todo parecía perdido para Venezuela, un tiro de esquina fue cabeceado por el arquero Renny Vega, para que luego Grenddy Perozo marcara el 3-3 definitivo. Partido de infarto y Venezuela consiguió una clasificación histórica a cuartos de final haciéndolo de manera invicta.
En los cuartos de final, Venezuela se midió ante Chile en lo que fue un juego muy entretenido. El partido estaba igualado 1-1, pero la ‘Roja’ de Claudio Borghi era más y contaba con un Jorge Valdivia que estaba realmente inspirado. Sin embargo, un tiro libre ejecutado por Arango obligó el rebote de Claudio Bravo, el cual fue aprovechado por Gabriel Cichero para darle la victoria a Venezuela a pocos minutos del final. Venezuela hacía historia y se metía en las semifinales.
Se venía el segundo capítulo entre Venezuela y Paraguay. Pese a que no tuvo los goles del partido de la fase de grupos, las emociones no faltaron y a pesar que la “Vinotinto” fue muy superior a los guaraníes y se erró goles increíbles el partido se tuvo que ir a la tanda de penales. El único que falló fue Franklin Lucena, dejando a la Vinotinto sin la posibilidad de jugar la final de la Copa América.
Si bien Venezuela cayó goleado ante Perú en el partido por el tercer lugar de la Copa América, la Vinotinto concluyó de esta manera una participación histórica en este certamen que quedará guardada para siempre en el recuerdo de todos los fanáticos de Venezuela.
El “boom” de la Vinotinto
Venezuela es la única nación de la región sudamericana que tiene por deporte nacional al guante, el bate y la pelota. Quizás, el descubrimiento del oro negro influyó directamente en el posicionamiento del béisbol en la sociedad venezolana. El béisbol llegó con las compañías transnacionales norteamericanas que extraían y producían petróleo. De esta manera, este deporte pudo tener un alcance mayor en la sociedad venezolana.
Los medios de comunicación y el apoyo económico se enfocaban en el béisbol. La atención estaba en los grandeligas venezolanos y en las temporadas de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, mientras que en el balompié las derrotas eran las protagonistas.
Dentro de la sociedad venezolana había un escepticismo en cuanto al fútbol. Persistía la costumbre de las derrotas, de ser siempre los últimos en la región sudamericana y, lo más lamentable, nos creíamos la “cenicienta”, tal cual nos apodaron los otros países.
Fue por ello que, quizás buscando victorias en el balompié, dejamos huérfana de aficionados y apoyo a nuestra selección y adoptamos otras. Por ser un país con múltiples colonias, no fue difícil ese proceso. Los descendientes de españoles se colocaban la camiseta de España, los italianos la de Italia, los portugueses la de Portugal. Y si había que elegir una selección en nuestro continente nos vestíamos de brasileros sin problemas.
A menudo, los aficionados asistían a los partidos con la motivación de ver a los jugadores extranjeros y no a los vinotintos. En cada torneo internacional el apoyo económico y mediático era escaso.
Los resultados deportivos de la selección nacional de fútbol fueron negativos hasta que en el año 2001 se produjo el denominado “Boom Vinotinto”. Una serie de victorias consecutivas, hizo que el fútbol y la selección fueran el epicentro de las emociones y el centro de atención, fueron portadas de periódicos, temas de conversación, los medios de comunicación le brindaron especial cobertura, y en un momento de crisis política, el país se unió en un solo color: el Vinotinto. La sociedad venezolana comenzó a darse cuenta de la calidad de jugadores que se vestían de Vinotinto, y comenzó a valorar los sacrificios que hacían para representar representaban a toda una nación.
El mercadeo y los medios de comunicación hicieron su trabajo y establecieron una moda. Las camisetas y todo tipo de accesorios vinotinto salieron a relucir, sacamos nuestra bandera y por primera vez nos sentimos orgullosos de nuestra selección nacional de fútbol. El fútbol de repente, aunque lejos todavía del beisbol, comenzó a formar de la cotidianeidad del venezolano. Los jugadores Vinotinto lograron cambiar lo que pasaba en un partido de eliminatorias en el cual Brasil visitaba tierras venezolanas y ganaba 6 a 2 y en las gradas se festejaban los 8 goles. Hoy nadie festeja un gol que no sea de Venezuela y eso se lo debemos a esta generación.