Las inolvidables tardes de fútbol – tenis

Publicado por el astro el

Era esa época donde, como siempre se dice, “éramos felices, pero no lo sabíamos”. Donde la semana se distribuía entre la responsabilidad del estudio, el entrenamiento, el futbol once de los sábados y el futbol tenis del domingo

E.B. / el astro deportivo

Las tardes de futbol – tenis eran inolvidables en el edificio. Empezamos siendo dos nomas y con el tiempo se fueron sumando, primero curiosos y después participantes. Se armaban torneos increíbles en los que sin importar el resultado se disfrutaba.

Claro que estaba bueno ganar, porque esa picardía de cargarlos a los otros una semana entera era un sentimiento lindo, pero en realidad lo más importante consistía en pasar un buen rato con de los panas.

El recuerdo latente de esos gratos momentos es que siempre ganaba el mejor y no había espacios para la sorpresa. Sí algunos amagues de que la historia podía cambiar, pero de un momento a otro se daba vuelta la partida y todo volvía a la normalidad. Algo así como lo que pasaba con Federer y Nadal en el Roland Garros.

Ganaba el primero que metía 21 puntos y en mi memoria están finales en el mejor iba perdiendo por más de 10 puntos y lo daba vuelta. “Sos como un equipo chico – decía para agrandarse más en plena remontada y bajarle aún más los ánimos al rival – y los equipos chicos no ganan campeonatos”. Lo curioso del caso que siempre tenía razón y no hubo quien le gane un campeonato.

Pero no sólo era jugar, estaban también los relatores y hasta los que imitaban a esos locutores que dicen la publicidad. Era un show completo. Y por supuesto después de algunas horas era inevitable el tercer tiempo que empezaba con una gaesosa y terminaba con alguna que otra cerveza.

Era esa época donde, como siempre se dice, “éramos felices, pero no lo sabíamos”. Donde la semana se distribuía entre la responsabilidad del estudio, el entrenamiento, el futbol once de los sábados y el futbol tenis del domingo. Algunas semanas también incluían, si el partido lo ameritaba, ir a casa de algún amigo que tenga cable hacer unos panchos y disfrutar de los 90 minutos que ofrecía el profesionalismo.

Eran tiempos estudiantiles donde no había muchas preocupaciones y casi ninguna urgencia. Hoy, a la distancia, puedo afirmar con toda certeza u con mucha nostalgia que aquellas tardes de fútbol tenis están en mi memoria dentro de la categoría: “LOS MEJORES MOMENTOS QUE VIVÍ”.

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