El mejor de los recuerdos
Le vi hacer goles de todo tipo, de tiro libre, de jugada, como delantero y como enganche. Tirado por la izquierda o parado al lado del nueve. Lo vi pelearse con muchos árbitros y también lo vi enojado porque no le salió una jugada que parecía fácil. Siempre fue para mí el mejor jugador
por Ezequiel Boiero / el astro deportivo
Yo no lo vi jugar de joven. Dicen que a los 16 años debutó en la primera local de Recreativo de Laborde cuando el nivel era altísimo, dicen que era un crack y también dicen que no llegó a ser profesional por vago, porque no le gustaba entrenar… y la verdad que puede ser, a estas alturas aprendí que todo puede ser.

A mí me tocó disfrutarlo de grande, en los veteranos y puedo decir que jugaba bien, que se notaba en él algo diferente al resto y que me gustaba ir a verlo. No me perdía un partido. Los domingos a la mañana eran sagrados. Llueva, truene, caiga nieve o haga mucho calor no importaba, con mi hermano íbamos a verlo jugar, por aquellos era nuestro pequeño placer.
Escribiendo estas líneas se me vienen los olores de aceite verde con alcanfor que usaba para calentar sus músculos, él siempre decía que no podía entrar frio y me tocaba a mi masajearle los tobillos antes de que se ponga las vendas, todo un ritual. Y si hablamos de rituales cuando ya estaba listo entraba a la cancha, agarraba la pelota y enfilaba para cualquier arco y cuando estaba adentro del área chica le pegaba con la zurda y la mandaba adentro, era su cábala y también el presagio de lo que iba a hacer en el partido.
Le vi hacer goles de todo tipo, de tiro libre, de jugada, como delantero y como enganche. Tirado por la izquierda o parado al lado del nueve. Lo vi pelearse con muchos árbitros y no me olvido nunca el “cobra bien hermano, no nos hagas renegar… yo vengo a divertirme para renegar me quedo en mi casa con mi señora…” y también lo vi enojado porque no le salió una jugada que parecía fácil y mirando al banco de suplente nos decía el famoso “yo de acá (señalándose la cabeza) se lo que tengo que hacer, pero estas (señalándose las piernas) ya no me responden…”
Era lindo verlos jugar… Antuco al arco, Parlante de seis, un crack, Jorge Viñas de cinco, el que más corría, el Negro Lera de ocho, él con la diez y adelante el Petiso por derecha, el “Perro Pila” de nueve y Rene por la izquierda. La columna vertebral de los veteranos de Juventud Unida de Rosario de Lerma, aquel primer equipo que yo vi jugar en vivo. Ganaban, empataban o perdían, no importaba el resultado, para mí siempre jugaban bien.

Otro país, otra gente, pero la magia seguía intacta
Un día, no desayunamos con la noticia de que nos íbamos de Argentina a vivir a Venezuela y más o menos era como si el mundo se acabara. Comenzar de nuevo en otro país, con otras costumbres no parecía sencillo y aunque al principio costó mucho después nos convertimos en uno más de ellos y pasamos de sufrir a disfrutar. La Isla de Margarita fue el destino que nos acogió para volver a empezar.
Obviamente, el fútbol fue clave en ese proceso y si bien al principio sólo jugaba él con el tiempo encontramos nuestro lugar. Con mi hermano seguíamos disfrutando de verlo jugar…
Me acuerdo el primero campeonato que jugó en la Isla, en la cancha del Colegio Guayamuri. Comenzó atajando, porque el arquero del equipo estaba demorado y los nuevos no tienen cabida de entrada, él lo entendió y a estas alturas mucho no le importaba. Lo mejor vino después cuando dejó el arco y fue a jugar al centro. No recuerdo exactamente cuántos goles hizo en todo el campeonato, lo que si sé, es que no fue más al arco, que el equipo salió campeón y que era la primera vez que el Colegio Guayamuri lograba ganar el campeonato que organizaba en su propia cancha… la que paradójicamente tiempo después fue la última cancha que lo vio jugar…
Después de ese torneo se le acercó Elizardo, un brasilero muy buena gente que es un crack y lo invitó a jugar en el Centro Ítalo. Ya para ese entonces no era más veterano y pasó a jugar en la categoría Master en el estadio de Conejeros. ¿¿¿El primer partido???…. triunfo y figura, pero comenzó de suplente porque el Tío Abelardo y Harvey quienes armaban el equipo se lo dejaron claro, “los nuevos esperan”. Terminó el primer tiempo 2 a 0 abajo. Entró cuando comenzó el segundo y no hizo mucho, solamente 3 goles para dar vuelta el partido y ganarlo 3 a 2. Obviamente a partir de ahí siempre fue titular.
¿¿¿El equipo???, me acuerdo de algunos, seguramente los más allegados, el viejo Luthor al arco, seguridad garantizada, el dos era el “Chente” un mejicano que jugaba muy bien, el seis era un colombiano zurdo Carlitos se llamaba, sólido en su posición, salía jugando, era completo, después estaban Nieto, el Canario, Peñita, Antonio Da Silva, el Tío Abelardo, Harvey y varios más, toda una banda de buenas personas.

En Conejeros también hizo goles de todos colores, y a su ya acostumbrado menú le agregó el gol olímpico. Le vi hacer varios y la verdad que los disfrute mucho, creo que como todos los que estábamos en esos partidos. Hasta el arquero que lo sufría los disfrutaba, como olvidarme del “Arrayero”, arquero de un equipo que se llamaba Italia que siempre decía: “después de Horacio nunca más nadie me va a hacer un gol olímpico”
La Copa Colombia del 2000 y el apodo de “trapito”
Fue quizás el torneo más lindo y competitivo que había en la Isla de Margarita por aquellos años y el Centro Ítalo lo quería ganar sí o sí. Como había mucha gente se armaron dos equipos, el A y el B. Obviamente en el A Elizardo paró a los mejores, estaban todas las figuritas y en el B el rejunte con algunos buenos jugadores mezclados.
Fernando Zurcher al arco, Giampier, Carlitos, Badra, Adrián Artigas, Gibson y el tío Abelardo le hacían compañía, además estaban Jorge Belune, Jorge Piñeiro, Fernando el ecuatoriano y varios más. La verdad que fue el mejor torneo que le vi jugar y algún tiempo después entendí porque: jugar con Fernando al arco, debe haber sido de los mejores arqueros que pisó la Isla de Margarita, con Adrián y con Gibson era fácil porque ellos juegan bien de verdad.

Contra todo pronostico el Envigado, elequipo B de Centro Ítalo, llegó a la final la cual se definió por penales. Después de una tanda favorable llego el quinto y decisivo penal, si lo hacía eran campeones. Lo había escuchado decirle al profe que estaba cansado, pero el brasilero le fue más franco que de costumbre y le dijo “prefiero que lo patees vos en una pata antes que cualquier otro”. Acomodó la pelota como siempre, tomó carrera y la quiso cruzar, parecía gol, pero el tirito pego en el palo y por esas cosas que tiene el fútbol se fue para afuera. No hubo campeonato, la tanda siguió el Ítalo volvió a errar y se acabo todo. Bueno no todo, ese campeonato le dejó un nuevo apodo “Trapito”, y fue simplemente porque en ese penal final le pegó tan despacito que ni siquiera llegó a “pegarle con un diario”, nosotros afuera dijimos que le pegó con el suplemento de una revista infantil argentina y así quedó bautizado.
La copa final
Cuando todo marchaba bien pasó algo inesperado, de esas cosas que nadie entiende porque pasan, pero que pasan y calan hondo en el sentimiento. Era la Copa Guayamuri y “Trapito” defendía nuevamente los colores del colegio. Él siempre tenía como norma no jugar dos partidos la misma semana, pero ese día no podía faltar y mira que le dijeron, “pero si ya jugaste ayer, para que vas hoy si nunca jugas dos veces la misma semana…” y testarudo decía “me comprometí y no les voy a fallar”.
Fue él día de Liverpool 5 Alavés 4 por la final de Copa UEFA del 2001. Recuerdo como si fuera hoy que le dije lo que pensaba de aquel partido y su respuesta fue, “vos sabes de fútbol”. Llegamos a la cancha como un día más, a las corridas porque veníamos de un cumpleaños, se masajeó como pudo, se vendó rápidamente, agarró la pelota fue hasta el arco vacío para cumplir con su tradicional cábala, pateo y fue gol, el último.
Todo venía bien y nada hacía pensar que después de un pique en diagonal se iba a agachar, agarrarse las medias, sentarse en el pasto, recostarse y soltar la ultima bocanada de aire. De un suspiro la vida se lo llevó, así como si nada y sin siquiera dejar que alguno de nosotros se despida.
Lo que vino después fueron corridas, intentos de reanimaciones, ir como bomberos al hospital y más intentos de reanimaciones, pero la suerte ya estaba echada, en el día de María Auxiliadora el destino había decidido unilateralmente que él llegaba hasta ahí, hasta esa cancha, hasta ese momento.
Al otro día amaneció lloviendo y en medio de mucha tristeza alguien dijo una frase que me quedó grabada hasta hoy “el cielo esta triste, llora la muerte de un grande”. Y vaya si era verdad, es que… el mejor zurdo, el que más sabía de fútbol, el que mejor jugaba a la pelota ya no estaba más y se transformó en el mejor de los recuerdos.