Julio Toro el filósofo del básquet
El reconocido entrenador nos acerca su forma de ver la vida en una entrevista sin desperdicios que deja muchas enseñanzas. El boricua habla de todo, desde su abuela hasta su participación en la guerra de Vietnam, pasando por su pasión por el baloncesto
por Ezequiel Boiero / el astro deportivo

- Después de estar 30 años ligado a la selección de Puerto Rico, ¿le costó mucho tomar la decisión de poner punto final?
Bueno fíjate, a través de los años uno se da cuenta que nada es fijo, nada es permanente en esta vida transitoria. Uno evoluciona y trasciende asique las cosas que nos pasan en el mundo terrenal son asimilables. Fue una decisión que no me vino de la noche a la mañana porque todo cambia, asique pienso que no, que fue algo que no me afectó.
- Manolo Cintrón trabajó mucho tiempo a su lado, es su hombre de confianza y afirma que usted es como su padre, es su inspiración y que llegó a donde llegó gracias a usted. ¿Qué supone para Julio Toro que alguien se exprese de esa manera sobre su persona?
Uno de los sueños de todo educador, de todo aquel que está en el mundo de comunicar tratando de hacerlo efectivamente es que sus discípulos sean mejor que uno. Yo creo que el orgasmo más grande que uno puede tener como maestro estudiante, porque uno aprende mucho en la marcha impartiendo, lo más sabroso que me puede suceder es que las personas que han trabajado conmigo de asistentes sean mejor que yo.
- Muchos dicen que en su Puerto Rico natal no le reconocen su brillante carrera como entrenador, ¿cómo le gustaría que se lo recuerde?
Como un artesano del deporte. Mi carrera en Puerto Rico para mi ha sido una oportunidad brillante de expandirme y de crecer. Fue un modus vivendi sólido que me dio la oportunidad de hacer muchas amistades y quizás, lo más importante, me permitió trabajar donde me fascina estar, porque te digo algo cuando estoy trabajando como entrenador estoy como vacacionando.
- Cuando el equipo gana usted es poco alabado, sin embargo, cuando pierde es el más criticado ¿cómo maneja esa situación?
Eso es así en todos los deportes. Los que tenemos la última responsabilidad tenemos que llevar esa presión, y más en estos tiempos donde la autonomía de las contrataciones hace que jugadores que tienen dos, tres o cuatro años garantizados tengan más poder que uno y basta con que los atletas estén de brazos caídos para que las cosas no salgan y con esa presión es suficiente para que el dueño cambie de opinión con quien tiene las riendas del equipo. Algunos lo hacen muy rápido y nosotros decimos que dan en el botón del pánico, pero es parte de la mecánica del trabajo. Esta situación para mi es como hacer el amor en el filo de la navaja.
- Es el entrenador con más anillos en la Liga de Puerto Rico y el extranjero más ganador en Venezuela, ¿qué significa eso para usted?
Haber estado rodeado de grandes atletas, haber podido navegar con ellos porque esto es un trabajo de conjunto y de equipo por excelencia y yo soy parte de este equipo. Todo lo que he podido lograr individualmente está basado en el apoyo de otros seres humanos.
- En algunas ocasiones aparecieron carteles entre los fanáticos que no hablaban bien de usted y de alguno de sus jugadores a lo que usted respondía con gestos ¿cómo evalúa hoy esas situaciones?
Como parte de lo explosivo del trabajo. Uno está trabajando en un lugar hostil por todos los medios, yo visualizo al rectángulo de juego como una guerra, pero lo que pasa fuera de las líneas es mas contundente que lo que pasa adentro, especialmente si hay agenda secreta de supuestos compañeros de trabajo.

- Muchas veces se lo ha comparado con Phill Jackson por ser un entrenador que maneja la psicología de los jugadores y además tienen algunos gustos similares como el yoga y la música clásica, ¿cómo toma usted esta situación?
Es muy honroso que me comparen con alguien que ha podido estar con Michael Jordan, Kobe Bryant, Shaquille O’Neal y que está en el salón de la fama. Me siento muy honrado y tuve el privilegio de dirigir en contra de él, porque tuvo una pasantía en Puerto Rico de tres o cuatro años y tuvimos una final en 1984. Tuve la oportunidad de hablar y compartir con él, el año antes de su ingreso a la NBA.
- Usted dice que el 75% de un juego de baloncesto es mental ¿por qué hace esta afirmación y cómo hace para que los jugadores la lleven a cabo?
Todo lo que uno hace, sabiendo o no sabiendo pasa por la mente antes de ir al plano físico. Uno tiene que integrar el plano físico con el mental y el espiritual y estar alineado para poder enfocar realmente lo que está sucediendo, especialmente en una dinámica que exige tomar rápidas decisiones como en el baloncesto. Dependiendo el personaje tengo caminos diferentes para llegarle. Hay atletas que le gusta que les digan las cosas directamente y hay otros a los que le hablo con parábolas. Mi trabajo es buscar el camino para llegarles y que entiendan mi mensaje, es decir tengo que comprenderlo primero yo a él para que después él me comprenda a mí. Puedo decir que me divierto mucho haciendo este proceso.
- ¿Qué es más importante en el baloncesto, la táctica y la técnica o la filosofía y la psicología?
Para mí en el baloncesto y en casi todas las etapas de la vida el 80% es la inteligencia emocional. Es ese dispositivo donde uno pone a su servicio toda la magia que uno tiene, pero muchos de los jóvenes no saben que lo tienen y cuando uno no sabe que tiene ese poder no lo puede ejercitar. A mi me gusta trabajar mucho el hemisferio derecho del cerebro e ir al subconsciente para que muchas de las cosas que digo le entren al atleta sin que él se de cuenta y luego podrán utilizar esa herramienta no sólo a favor del equipo, sino también de su persona.
- La mayoría de los jugadores afirman haber aprendido mucho bajo su tutela, ¿cuál es el secreto para que en el ambiente del baloncesto Julio Toro sea una institución respetada por todos?
Hay que prepararse, hay que estudiar. El básquet es una materia para prepararse y confieso que no pierdo las esperanzas de ser recordado por otras cosas importantes que no tengan que ver con este deporte. Yo trato de enseñar una filosofía de vida, como estar preparado para un compromiso, ser responsable, tener prioridades en la vida, tener un fin en mente de las cosas que uno va a hacer, lo cual es necesario para poder navegar en esta vida. Imagínate que yo no pueda comprender a los jugadores antes que ellos me comprendan a mí. Hay que estudiar, hay que prepararse para uno tener una comunicación eficaz y en ese sentido creo que me van a ver como una buena bibliografía.
- En los Héroes de Portland, que se conoce como uno de los puntos máximos del baloncesto venezolano ¿existió alguna experiencia negativa?
Negativo nada, todo fue ganancia ya que tuvimos esa gran oportunidad de lograr un sueño. Fue la primera vez que un equipo de conjunto fue a una olimpiada por lo que creo que el básquet se vistió de gala y todos nos sentimos muy orgullosos de haber alcanzado esa meta. El básquet de Venezuela con sólo 50 años de vida está entre los mejores 25 del mundo, lo que habla muy bien de este deporte.

- Sin dudas ese fue un gran equipo, pero ¿qué le aportó Julio Toro a ese grupo de jugadores?
Le di paciencia, orden, supe canalizar todas esas energías y pude recibir mucha reciprocidad de los jugadores. Fue un momento culmine del básquet en Venezuela y yo tuve ese honor, ese privilegio de ser el que estaba y pudimos hacer todo lo que nos propusimos.
- ¿Puede ser que esa gesta haya terminado siendo negativa para el baloncesto venezolano en general como mucha gente lo manifiesta?, esto teniendo en cuenta que cada proceso que se inicia, sin importar nombres o técnicos se le pone como objetivo único superar a aquella generación.
Eso es una mentalidad muy pequeña. Para hacer una analogía, salvando las distancias, sería insensato entonces mencionar a Simón Bolívar y a otras personas importantes en lo que es la memora biblia del venezolano. Es algo incongruente no tener algo atesorado y es una frustración no poder asimilar esa presión que todo el mundo exige, porque este es un trabajo de presión y siempre hay que confirmar lo que sucedió en 1992. Creo que hay que seguir soñando y pensando, pero uno no puede dar esa oportunidad de que la generación de turno no tenga la responsabilidad de pelear con una generación heroica para justificar lo que está pasando en el presente.
- ¿Cuál fue el mejor jugador venezolano que dirigió?
Bueno como es un deporte colectivo es muy difícil pensar en un solo jugador, pero yo creo que el jugador de más sangre fría, de más temple en los momentos de presión fue Gabriel Estaba. Después hay varios, un jugador todo terreno fue Carl Herrera, San Sheppard con su magia, la puntería de Iván Olivares, los rebotes de Omar Walcott, las oportunas decisiones de mojar y empapar y ser un fantasma de Alexander Nelcha, el liderazgo y esfuerzo de Luis Sosa y así puedo nombrar a todos los jugadores porque uno descansa en los doce jugadores.
- Usted es de los pocos técnicos que pueden presumir haber derrotado a una selección de baloncesto de Estados Unidos, pero ¿cómo se prepara a un equipo para enfrentar al Dream Team sabiendo que las posibilidades de ganar son casi nulas?
Bueno uno hace las cosas que uno siempre hace. Para darte un ejemplo en el primer encuentro de las Olimpiadas de Grecia 2004 contra Estado Unidos, dirigiendo a Puerto Rico, 15 minutos antes del juego me vino una explosión mental que no había comentado con los jugadores, simplemente el subconsciente creativo me dio ese regalo y decidí jugar un triángulo y dos, con un puesto 3 muy habilidoso, congruente, aleatorio como Rolando Hourritiner y lo puse sobre Tim Duncan ya que este era mas movible que Tim y puse otro sobre el que tenía el balón que era Allen Iverson y nos quedamos ahí en un triángulo. Los americanos se sorprendieron mucho, erraron cestas y pudimos sacar una ventaja con canastos fáciles, lanzando muy bien y producimos algo impensable porque no sólo le ganamos, sino que lo hicimos con cierta comodidad ya que le sacamos cerca de 20 puntos. Así logramos darle ese primer sopetaso en una olimpiada ya que ese equipo nunca había perdido y desde allí después que le dieron esa primera bofetada al guapo del barrio pues todo el mundo hizo leña de él.
- Usted dice que la vida le dio la posibilidad de poder combinar su profesión de abogado con su vocación, entonces ¿se puede decir que es un hombre feliz?
La felicidad siempre está a la mano para todo el mundo, porque ser feliz en mi concepción, sería estar conforme con lo que uno tiene por lo que en ese escenario todas las personas pueden ser felices. A diferencia de lo que es el éxito, porque uno va tras el éxito. Por ejemplo, en mi caso, el éxito sería obtener lo que yo quiero, estoy compitiendo y quiero volver a ganar el campeonato, esa es la diferencia para mí. Considero que tengo la oportunidad de ser siempre un poquito mejor y tengo la oportunidad de crecer en todos los campos en los que participo, porque no hay un solo Julio, sino que serían varios Julios: el Julio económico – financiero, el Julio social, el Julio como amigo, el Julio familiar, el Julio físico, el educacional, el espiritual. Es decir, son muchas cosas donde uno participa y tiene la opción de ser feliz y al mismo tiempo tener éxito porque yo creo que una de las razones de vivir es dar lo mejor de uno y tratar de solventar todas las situaciones que se le presenten haya lágrimas o alegría. Siempre hay que tratar de negociar con la realidad.

- ¿Utiliza algunos aprendizajes de su profesión en el ámbito deportivo?
Todo el tiempo utilizo modelos educacionales de maestros inolvidables que he tenido. También he tenido maestros que me regalaron la nota, pobre de ellos, tuve maestros bien competitivos que me hicieron trabajar mucho para lograr un C, pero aprendí de la materia increíblemente y me dieron esas herramientas para yo poder seguir mi jornada en el conocimiento lo que me permitió continuar creciendo y mejorando para capturar lo que yo entiendo como la fuente de la juventud, que es el conocimiento. Por ejemplo, yo he tenido atletas que tienen 20 años cronológicos, pero para mí tienen 100años porque dejaron de aprender, no quieren y he conocido personas de 90 años que para mí tienen 25 porque le sonríen a la vida, hacen comentarios ocurrentes y estar con ellos siempre es gratificante.
- ¿Por qué reconoce siempre a su abuela como su mayor influencia?
En la época en la que yo crecí, por esas cosas de la vida, de las realidades, mis padres se separaron cuando tenía 4 o 5 años y mi abuela vino a vivir con mi mamá que tenía que trabajar para el sustento de la casa. Mi abuela llegó para encargarse de mí y de mi hermana y siempre para mí fue un faro, una guía, una mujer muy educada que supo hacer lo que tenía que hacer conmigo, cuando me tuvo que castigar me castigó, cuando me tuvo que dar un golpe me lo dio, siempre tuvo consejos maravillosos para mí y ayudó a moldearme, fue clave en mi crianza. Recuerdo que se sentaba conmigo en mis horas de estudio y siempre veló por mí. Cuando ella trascendió el 31 de diciembre de 1976 yo estaba en la funeraria llorando desconsolado y en ese momento me di cuenta que yo lo hacía por mí, porque no la tenía más a ella. En realidad, debía aceptar lo que había pasado porque si bien ella no se quería ir, estaba muy enferma, con muchos dolores y lo mejor para ella era trascender. Fue muy egoísta de mi parte pretender que ella siguiera viva con todos esos achaques.
- Usted fue ex combatiente en Vietnam, ¿qué enseñanzas le dejó estar presente allí que le sirvieron para el resto de la vida?
La enseñanza más grande que me dejó es que el hombre es el lobo del hombre. Vietnam me enseño la mezquindad de los seres humanos por los bienes materiales del planeta, y me dejó claro, fue una cátedra, un doctorado, lo que es el poder, lo que puede lograr y las cosas que puede hacer. Esa guerra me mostró que tanto yo como miles de seres humanos éramos un material desechable, un número, que simplemente estábamos defendiendo los intereses de las multinacionales. Pero sobre todo Vietnam me enseñó fundamentalmente que para los poderosos una vida vale muy poco, porque una bala cuesta 6 centavos de dólar.
- ¿Cómo fue vivir una guerra desde adentro?
Se vive con temor, con miedo. El miedo tiene un papel fundamental, pero hay que reaccionar, aunque uno tenga temor a morir, temor al peligro y a lo que pueda suceder. A la misma vez uno quiere estar siempre atento a la camaradería, a los compañeros que están al lado de uno, porque en una guerra se desarrollan vínculos y hay mucha solidaridad con los compañeros. Uno quiere salir lo antes posible de ese lugar porque no estamos preparados ni remotamente para despedirnos a los 21, 22 o 23 años estando a diez mil millas de la casa defendiendo intereses ajenos.
- ¿Cómo se vive en un país que en realidad es una colonia de Estados Unidos?
Nosotros los puertorriqueños tenemos que ir y representar a nuestro patrón, puesto que Puerto Rico es una colonia de Estados Unidos y pues tenemos que pagar un precio muy alto por las cosas materiales que nos pueden dar. Somos un botín de guerra y nos pueden dar muchas cosas materiales, pero nosotros le hemos pagado hasta la última loncha con la sangre y con la vida.

- Siendo un hombre tan apasionado por el baloncesto, no deja de lado las cábalas, la más interesante es la compañía que tuvo durante mucho tiempo en la banca de una persona llamada Conejo porque según usted le traía suerte, ¿Qué nos puede contar de esta persona y cómo lo recuerda?
Ramón Conejo es un amigo de la infancia que murió hace algunos años y siempre que íbamos a cualquier partido yo lo iba a buscar, el viajaba conmigo ya que en Puerto Rico las distancias son muy cortas. Fue un amigo del alma, fue mi hermano de la vida y siempre está conmigo porque su espíritu siempre me acompaña, fue como un bálsamo para mi porque era como mi esponja, era mi válvula de escape.
- Ser derrotado en este deporte es parte del juego, ¿cuál considera usted que fue la derrota más dolorosa y por qué?
Nosotros asociamos la derrota con un obituario, con un funeral y las victorias con una fiesta para marcar en el cerebro la metáfora de que se compite para ganar. Uno tiene que marcar esa diferencia, pero en mí ocurre una metamorfosis después que sucede la derrota, primero lo internalizo para luego transformar esa vivencia en un aprendizaje, en un conocimiento para crecer y mejorar.
- ¿Cuál de todos los campeonatos que consiguió disfrutó más?
Si uno le pregunta a una pareja, de hijos, ¿cuál quiere más?, pues sería bien difícil de responder. Yo creo que de mil nadie señalaría que quieren más a un hijo que a otro, porque todos tienen un significado, marcan un momento y tienen una brillantez propia. Igual pasa con los campeonatos.
- Después de ser un hombre récord y haber ganado tantos campeonatos, ¿qué lo sigue motivando a ir una cancha?
Me motiva la pasión que siento todavía por el deporte, me da vida porque es la fuente de mi juventud, porque hace que me cuide, que descanse bien, que me alimente correctamente, que haga mis ejercicios. Yo me siento super feliz cuando estoy trabajando.
- ¿Guaiqueríes de Margarita?
Guaiqueríes se ha hecho hasta una necesidad para mí, es una gran relación la que yo tuve con ese paraíso y siempre voy a ser fanático de ese equipo.
- ¿Cuándo deje de ser técnico le gustaría que siga su filosofía?
Me gustaría que permanezca por los siglos de los siglos la determinación y la tenacidad. Regreso nuevamente al mundo emocional y al intangible de luchar por lo que uno quiere. El juego del básquet se inventó para ganar, sino fuera así le ponemos música y eliminamos las pizarras. En el baloncesto hay pizarras, hay una medida de tiempo que te asignan, como la vida misma, y en ese tiempo los números van cayendo. En esa medida de tiempo uno tiene que ganar porque no hay empate y si uno acepta competir es para ganar. Me gusta ver equipos que siempre den lo mejor de si cuando compiten, porque si uno pone todo cuando termina y mira la pizarra lo que diga es bienvenido.

- Hay ciertas anécdotas, extraoficiales, que lo pintan como una persona que es capaz de hacer cualquier cosa para ganar. Se dice que una vez hasta llegó a cortarse la mano y escribir en la pizarra con sangre la palabra defensa para hacerle entender a sus jugadores que esa era la clave para ganar un partido, ¿qué hay de cierto y que otra anécdota recuerda?
Un factor bien importante en este trabajo es ser un buen actor. Yo me paso diciendo eso. Hago muchas analogías con momentos bélicos de la historia, exhorto a los jugadores a ver películas de guerra y como buenos actores que vivan el personaje. Muchas veces he hecho cosas para llamar la atención y para simbolizar el mensaje que quiero dar y hasta he llegado a flagelarme simbólicamente, me he golpeado, me he dado bofetadas, son rituales que uno tiene para lograr un propósito, especialmente cuando la entrega del jugador no es la que uno quiere y no tiene el entusiasmo que uno tiene. Anécdotas tengo muchas, esa de la pizarra es cierta, habíamos planificado que ese juego se ganaba defendiendo y al terminar el primer tiempo perdíamos por 20. Cuando entre al camerino estaban los jugadores sentados, no dije nada solo me corte la mano y escribí en la pizarra con sangre “defensa” y me fui. Ganamos por 15 puntos.
- ¿Existe la droga en el baloncesto?
Claro que sí, existe en todos los estratos de la sociedad porque es un flagelo y no puedo ser elitista y decir que no existe. Creo que basta mencionar cualquier grupo de personas y esa maldición está al asecho.
- ¿Le gusta la política?
La política es la ciencia del poder y yo hago política en el baloncesto. Pero considero que es algo muy complicado para mí, con lo cual prefiero quedarme trabajando adentro del rectángulo.
- Usted dice que el trabajo de Julio Toro es a largo plazo, ¿habrá tenido que ver esa modalidad de trabajo con no llegar a dirigir en la NBA?
La cuestión de la NBA es que las veces que tuve oportunidad, que deben haber sido cuatro, no estuve donde tenía que estar. Yo creo que el básquet es el mismo y hay que estudiarlo. La diferencia es que, por ejemplo, cuando Key Kesinski era el coach americano del equipo que iba a las olimpiadas, tenía 17 ayudantes y un presupuesto de 17 millones de dólares. Además, tenía una unidad completa audiovisual que te grababa hasta el suspiro. Pero lo real es que no se ha inventado nada en los últimos 50 años, si ha habido renovadores del discurso, de cómo decirlo, la forma de comunicarse y por supuesto todos los adelantos tecnológicos al servicio del baloncesto. Yo creo que hay muchos entrenadores que con esta base harían excelentes trabajos en la NBA, realizando primero su parte de asistentes y estudiando el baloncesto a profundidad. No tengo dudas que va a llegar el momento en que latinos y europeos dirijan en la NBA.
- ¿Por qué un partido para usted es una guerra de ejércitos?
Es que para mí la metáfora del básquet es que es una guerra en un rectángulo y deben aplicarse todos los principios bélicos. En un partido la intelectualidad bélica debe aplicarse siempre.
- ¿Qué le diría a un joven que está por empezar su carrera en el baloncesto?
Yo le diría a un joven que quiere empezar en este difícil mundo del baloncesto que necesita ser un atleta muy sofisticado capaz de dominar muchas destrezas. Tiene que tener la disciplina y la gran responsabilidad de dedicarle todo el tiempo necesario para trabajar seriamente. Le aconsejaría que debe luchar fuerte, y que son muchas y largas las horas que le debe dedicar al trabajo. Para dar una idea, sobre el lanzamiento un atleta que está empezando tiene que tirar sobre 600 por día porque es la única forma para perfeccionar el estilo. Le haría ver que su dedicación va a ser fundamental en sus pretensiones de crecer y desarrollarse donde fuere.

- ¿Hay algún momento de la vida que lo haya marcado de tal manera que cuando se siente triste recurre a el para que lo devuelva a la felicidad?
Definitivamente tengo muchos anclajes para solventar alguna situación, son como un reconstituyente para mí. El anclaje que mas he utilizado es lo que dice la canción “Maestra Vida” de Rubén Blandes. En su letra está el resumen de la vida.
- ¿Tiene algún enemigo?
Yo pienso que no, obviamente en todos los ambientes puede haber celos profesionales, pero no son enemigos. Puede haber críticas, pero son bienvenidas porque estamos en libertad. Yo tomo esas criticas como un homenaje que me hacen. Lo importante es estar siempre presente.
- Practica yoga, ¿qué le proporciona esta disciplina?
Es la unión del cuerpo, la mente y el espíritu. Es muy importante para uno poder acariciar el arcoíris de la felicidad y el crecimiento, donde hay unos ingredientes ineludibles como la respiración, la relajación y las afirmaciones positivas. En yoga uno siempre está visualizándose en la mente, la meditación, el silencio y por supuesto la oración. Todos esos factores combinados forman ese arcoíris de la felicidad.
- ¿Qué es el básquet?
Es mi vida, es mi pasión. Es el lugar maravilloso que escogí para que mi inconsciente se desarrolle, evoluciones y vibre. Es uno de los grandes amores de mi vida.
- ¿Cómo visualiza el futuro cuando deje de ser entrenador?
Lo visualizo muy halagador, lleno de alegría, me veo sonriente en él. Es una visión, todo primero sucede en la mente, es un camino que uno se traza. Lo que uno no puede controlar, pues que sea lo que sea, que venga lo que tenga que venir, pero yo tengo una visión de cómo va a ser mi futuro fuera del rectángulo y lo veo sabroso, animado y simpático.
- ¿Podría armar su quinteto ideal?
Posición 1 Carlos Arroyo / Angel Cruz
Posición 2 Georgi Torrez
Posición 3 Raymunda Almao / Mario Quijote Morales
Posición 4 Piculin Ortiz
Posición 5 Elb Brown
- ¿Quién es Julio Toro?
Soy un artesano, un obrero y un militante de mi disciplina. Soy un soñador y un trabajador incansable que siempre da lo mejor de sí.